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CULTIVAR EL SENTIDO DEL MOVIMIENTO: Sonar, vocalizar, cantar




La voz es un preciso y personal indicador de nuestros estados de ser y salud cuerpo-mente-espíritu.  Sonar es moverse desde el interior y se inicia con ese primer lloro al nacer, también el principio de la respiración pulmonar. Prestar atención y explorar las sensaciones al sonar, vocalizar, cantar nos abre la conciencia a dimensiones esenciales de nuestro funcionamiento somático tales, las maneras de respirar y mover las varias partes de la boca y garganta, de usar los apoyos externos e internos al iniciar los movimientos, de coordinar los movimientos y sonidos.

La voz y presencia de cada persona tiende a manifestar principalmente los sonidos de algunas de las partes y no del conjunto del aparato de fonación.  ¿Hablamos desde la nariz?  ¿Al vocalizar sentimos el esfuerzo solo en la garganta o en otras partes el cuerpo?  ¿Logramos sentir las resonancias de nuestros sonidos en la base del tronco—el piso pélvico, o en la espalda, las manos, los pies?  ¿Cómo usamos el espacio bucal?  ¿Sentimos su volumen y tridimensionalidad—el paladar, la lengua y debajo de ella, sus movimientos hacia atrás, el espacio donde tragamos, el marco y apoyo de la estructura dental?

La atención a la calidad de nuestros sonidos, oír-se, va a la par con aprender a oír el exterior ya que generalmente vocalizamos lo que oímos.  ¿Cuán bien nos percatamos de las características de nuestra propia voz? Los patrones neuro-motores establecidos a temprana edad  como los de respirar,  chupar, tragar, las coordinaciones esenciales entre las diferentes partes del cuerpo son la base que determina la capacidad de comunicarse de manera no-verbal, de oír y de hablar.   La re-organización de esos patrones fundamentales de movimiento reorganiza también la capacidad de emitir sonidos y hablar.  La boca, por ejemplo, es nuestro primer órgano de búsqueda, supervivencia y comunicación, así como el extremo superior de la columna vertebral, nuestro principal eje central.  Articular las estructuras del espacio bucal es agradable y divertido y con consecuencias inmediatas en nuestra postura y movimientos.  Óigase emitir sonidos labiales como brrrrrr, bababa, silbar; observe como la cabeza se endereza  automáticamente y como la fuerza del sonido se proyecta hacia atrás, la base del cráneo, abriendo el espacio interior en todas las direcciones.  Experimente hacer sonidos con la lengua, enrollándola y sonando como ciertos pájaros, llevando el movimiento desde la punta hasta la base y más allá dentro de la garganta.  El  espacio interno se abre y se logra sentir la movilidad de la lengua dentro de la garganta; este movimiento es además un entrenamiento para futuros ventrílocuos. 

Sonar las vocales--a, e, i, o, u—nos permite jugar con los tonos bajos, medios, altos y explorar las consecuencias de un solo sonido a lo largo del cuerpo.  Preste atención al bombeo de los órganos viscerales en el vientre, la base de apoyo desde donde proviene la fuerza para sonar.  Note la duración y el  ritmo de sus sonidos.  Al hacerlo, el ciclo de inspirar, pausar y expirar-sonar se organiza  con más lentitud e inmediatamente podemos experimentar una mejor respiración y el placer de producir y oír sonidos claros. Tararear, sonar con consonantes como la la la la, activa  nuestra capacidad de modular y crear melodías.  Aprender a liberar y modular la voz es una gran fuente de placer y satisfacción al alcance de todos.  Comience bostezando a su gusto y dejándose emitir todos los sonidos que le surjan; oiga las melodías  y rimas, la musicalidad inherente a sus sonidos y palabras.   Constate que sus palabras y frases son sus canciones y disfrute los sentimientos, claridad y veracidad que su musicalidad transmite.  La exploración de la voz es parte integrante de muchos enfoques de educación somática.   Lo invitamos a participar a las sesiones que se ofrecen en el Estudio LOS ALMENDROS.