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CULTIVAR EL SENTIDO DEL MOVIMIENTO: EXPRESAR LA MOVILIDAD NATURAL Y ESPONTANEA
Nuestro cuerpo posee mecanismos de auto-regulación para mantenernos en salud. Esta sabiduría del cuerpo se manifiesta, entre otras, a través de los movimientos espontáneos e involuntarios que controlan los ciclos de activación y reposo-recuperación. Bostezar, frotarse, estirarse, rascarse, estremecerse, colgarse, mecerse, acompañar los esfuerzos con sonidos, inmovilizarse, cambiar de posición frecuentemente son acciones que nos reorganizan, ajustan y nos ponen en otro registro de sensaciones. Los niños y animales como los gatos, perros, monos y muchos otros manifiestan este repertorio sin problemas, mientras que adultos muy bien socializados tienden a reprimir tales comportamientos.
Por lo general no contamos con hábitos culturales que favorezcan el investigar y aprender de nuestras sensaciones y movilidad inconsciente. Sin embargo, estar en contacto con nuestras sensaciones y aprender a explorar nuestro territorio interior nos permite sobrevivir; no prestarles debida atención puede ser fatal. He aquí una historia probablemente familiar. Un allegado sentía malestares y molestias en un área de su cuerpo; tiempo después se sometió a toda la batería de exámenes medicales modernos disponibles y ninguno mostraba problema alguno. Decidió esperar y sus malestares se agudizaron; finalmente los doctores encontraron que tenía un cáncer, que para ese entonces ya estaba en fase terminal. Esta persona se confió en el juicio externo y no investigó el mensaje de sus propias sensaciones inmediatamente, o por más de una vía. Moshe Feldenkrais, uno de los educadores somáticos mas reconocidos, escribió un libro intitulado ‘Lo Obvio Elusivo’, en el que elabora sobre como podemos padecer ‘amnesias sensoriales y motoras’ al punto que aspectos esenciales a nuestro funcionamiento nos eluden, escapan y ni siquiera los sentimos o percibimos. Cuán sorprendente es constatar, por ejemplo, que los habitantes de las grandes ciudades puedan soportar y adaptarse a altos niveles de contaminación en el aire, lo que eventualmente produce en muchos casos enfermedades respiratorias.
Las prácticas somáticas nos permiten explorar las actividades espontáneas del cuerpo. Bostezar con plenitud, por ejemplo, estimula intensamente ‘la fascia’, una suerte de malla o saco elástico que recubre cada una de las parte del cuerpo, la que tiende a endurecerse con los hábitos y posturas que exigen poca variedad en los movimientos, con los traumas en los tejidos, con el envejecimiento. Mientras bostezamos, el tocar y palpar la cabeza facilita el sentir como el estiramiento prosigue en la espalda, brazos y resto del cuerpo. Dejar que los sonidos emerjan libremente nos da cuenta también de cuan profundo puede ser el masaje interior durante el bostezo. Frotarse ambos brazos simultáneamente es otra actividad muy espontánea; cuando lo hacemos repetidas veces concientemente conectando el dorso y parte interior de los brazos, logramos sentir el bombeo desde las axilas y pecho, zonas con muchos nódulos linfáticos donde se producen y circulan muchos agentes inmunológicos. Frotarse de ésta manera estimula la circulación linfática hacia los senos, una simple medida preventiva para evitar bloqueos en los nódulos que puedan transformarse en endurecimientos y tumores. Mecerse, además de recuperativo, es una manera de estimular el equilibrio, como lo hacen los niños cuando experimentan maneras de estar y moverse en la hamaca. Seguir nuestra somnolencia durante el día, o tomar cortas siestas es recuperativo y también una manera de entrar en la quietud de nuestro interior. En nuestra cultura ‘la siesta’ no es reconocida al nivel laboral como una necesidad biológica con muchos beneficios y esto a pesar de que hay suficiente evidencias científicas de sus efectos positivos.
Podemos contactar nuestro interior en cualquier momento. El despertar matinal es un momento privilegiado para sentir lo que nos mueve y disfrutar de los movimientos que emergen involuntariamente. Estirarse, enrollarse, activar la piel de todo el cuerpo rodando en la seguridad de nuestro lecho es placentero pero también integrador, estimulamos y conectamos todas sus partes y hacemos presente la unidad de nuestro ser. Observar nuestras sensaciones y movilidad interior, así como las acciones involuntarias que a menudo manifestamos es estar presente a la vida que nos llena, es mantener un diálogo con lo que sentimos y ser responsables de nosotros mismos.
Dra. Ninoska Gómez, Ph.D., Psicología del desarrollo psicomotor, bailarina, educadora somática, RSME, registrada en ISMETA (Internacional Somatic Movement Education and Therapy Association) Estudio LOS ALMENDROS, www.somaritmoscostarica.com HYPERLINK "mailto:losalmendros@racsa.co.cr" losalmendros@racsa.co.cr
