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CULTIVAR EL SENTIDO DEL MOVIMIENTO: SENTIR EL APOYO DE LA TIERRA



Acostados--en la cama, el piso u cualquier otra superficie--nos dejamos ir con la fuerza de gravedad terrestre, lo que nos permite descansar, conciliar el sueño, recuperarnos.  Sin embargo, para muchos  relajarse y dejar caer su peso en ésta posición no se logra con facilidad y reposarse puede volverse una tarea. 

La fuerza de Gravedad afecta nuestra movilidad desde que estamos en el útero y normalmente al nacer estamos equipados para desarrollar una movilidad eficaz y versátil.  Sin embargo, la estimulación del entorno es esencial para que ésta se materialice.  Necesitamos vivir situaciones que exigen apoyarse con toda la superficie del cuerpo o cualquiera de sus partes y ceder el peso a la Gravedad hasta que los reflejos anti-gravitacionales nos empujen y levantan sin esfuerzo, en acorde con la organización del cuerpo   Estar y jugar en el piso, rodar, gatear, colgar, cambiar de niveles, caerse con seguridad, saltar, girar, voltearse y orientarse en el mundo físico de muchas maneras son situaciones que nos estimulan en éste sentido.

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La postura, la configuración corporal, así como en la eficiencia de los movimientos, expresan cuán bien nos hemos adaptado al constante empuje de la fuerza de Gravedad y a las exigencias de un mundo tridimensional.   Cuando el empuje gravitacional no está integrado de manera eficaz, quizás notamos que a menudo nos mantenemos ‘agarrados’ muy arriba del suelo, como si nuestro centro de gravedad estuviese más alto que necesario; o que los brazos y piernas empujan y tensan excesivamente; o que mantenemos la cabeza muy arriba, casi fuera del alineamiento del resto del cuerpo; o que resistimos las caídas con exceso de rigidez; o cuando alguien acostado no nos cede todo el peso de la cabeza o de cualquier parte de su cuerpo.  Otras consecuencias pueden ser inseguridad, desconexión de la tierra y la gente, desequilibrio, sentirse flotando, falta de coordinación, tensión excesiva en ciertas partes y lasitud en otras, tropiezos, dolores.

Experimentamos la fuerza de gravedad concientemente cuando nos dejamos caer, abandonamos, ‘derretimos’, o seguimos nuestra pesadez.  En situaciones de desequilibrio el cuerpo responde con una contrafuerza, con cambios de tono corporal que nos aligeran y levantan.  Hablamos de estar ‘enraizados’, ‘con los pies en la tierra’, ‘bien plantados’, cuando nos adaptamos a la fuerza de gravedad, cedemos, caemos y nos levantamos fácilmente o la resistimos con movimientos que reorganizan nuestra posición para equilibrarnos fácilmente; experimentamos entonces ligereza en nuestro ‘estar’ a pesar del peso que tengamos.

Podemos afinar nuestra relación con la fuerza de Gravedad en cualquier momento.  Por ejemplo, acostado sobre el vientre observe el peso de cada una de las partes del cuerpo; note si logra relajar o dejar caer el peso en los puntos apoyo con las superficies de contacto.  Puede ser que todas las partes del cuerpo no se sienten igualmente pesadas, o que sienta resistencias.  Respire tranquilamente y haga lo necesario para ‘ceder’ el peso aún más, como si quisiera hundirse en el piso y pudiera controlar la caída.  Observe como luego de un  tiempo, la acción de ceder el peso se transforma en empuje contra la superficie.  Pruebe este tipo de exploración en cualquier otra posición y verifique como ceder el peso a sus puntos de apoyo puede es una manera inmediata de descansarse activamente. 

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